La especie reina en la montería es el venado, por su porte y su trofeo. Se ha producido un espectacular aumento en los últimos años de sus capturas, por lo que son muchos los cazadores que lo tienen ya como su objetivo venatorio.

Venado abatido en montería.

En monterías y batidas en las que se puedan tirar venados, deberemos tener en cuenta, antes de realizar el tiro, que no se trata de varetos, horquillones o hembras, aunque últimamente se permita por sobrepoblación hacerlo sobre éstas. En mi opinión, las hembras deben ser cazadas de forma selectiva y por personas expertas que eliminen los ejemplares más débiles, no la primera que pasa por el puesto.

Para muchos cazadores que no tienen demasiada experiencia, el contar las puntas de los venados se les antoja una ardua tarea cuando en realidad no lo es. Bastará con que contemos las puntas que tiene en la palma y le sumemos las otras tres que siempre debe tener, que son la luchadera, la contraluchadera y la punta central. Si contamos una palma con tres puntas, el venado tendrá seis puntas en cada cuerno y un total de doce puntas; si contamos cuatro puntas en la palma, el venado tendrá siete puntas en cada cuerno y un total de catorce puntas, y así sucesivamente. A veces esto fallará, pues tendrá alguna punta rota o sus cuernas no son simétricas, pero en la mayoría de los casos la norma funciona y nos puede dar la pauta sobre el animal al que vamos a disparar, sobre todo si hay algún condicionamiento, como cupos, sólo abatir venados selectivos, no tirar más que a venados con doce o más puntas…

Los puestos en las monterías de venado pueden tener grandes tiraderos, dominando el cazador importantes extensiones de terreno, pero siempre hemos de ser conscientes que no estamos solos en la montería, por lo que respetaremos el terreno de los puestos colindantes, no cortando nunca las reses que entran a otro puesto. Es bueno que cuando lleguemos, nos delimitemos mentalmente nuestro terreno y calculemos hasta dónde podemos disparar y dónde deberemos de abstenernos de hacerlo, pues así evitaremos discusiones desagradables y cumpliremos con las más elementales normas monteras, esas costumbres tradicionales que algunos olvidan y otros ni siquiera conocen. Dicen que cada res tiene su muerte en un sitio determinado, y el buen hacer montero nos llevará a disparar en el momento y el lugar adecuados, ése en el que lo haremos en las mejores condiciones con las mayores posibilidades de éxito.

Una vez que hemos seleccionado a cuál vamos a tirar, debemos centrarnos en él y no dejarlo hasta que lo veamos abatido en el suelo, pues muchas veces ocurre que al ver que lo hemos alcanzado con el primer tiro, nos vamos con otro y al final no cobramos ni uno ni otro, dejando el monte lleno de venados pinchados, en una demostración de inexperiencia que poco aporta a nuestra imagen montera.

No nos dejemos engañar por el tamaño del cuerpo del ciervo, ya que en España es muy raro el ejemplar que sobrepasa los ciento cincuenta kilos, y cuando apuntemos hagámoslo con detenimiento y teniendo siempre en cuenta que un venado a la carrera en un segundo recorre muchos metros, por lo que adelantaremos lo suficiente para colocar el tiro en una zona vital. Estas zonas vitales son, principalmente, el codillo y la zona de los pulmones. También lo será en la zona de la columna al cuello. Mas atrás quedará inmovilizado, sin posibilidad de utilizar los cuartos traseros, pero si sólo lo alcanzamos en la tripa, en una pata o en el jamón, es muy fácil que acabemos por no cobrarlo.

La utilización de un accesorio tan simple como la vara, bípode o trípode nos puede deparar más de una alegría, pues nos permitirá asegurar el tiro, sobre todo cuando disparamos a largas distancias, posibilidad que en el caso de las monterías de venados se da en numerosas ocasiones, a veces incluso con los animales parados a poco más de cien metros, mientras sopesan de dónde les viene el peligro, la dirección que van a tomar y la mejor trocha para huir.

Utilicemos siempre los calibres y las balas adecuadas para el peso del animal que vamos a cazar, teniendo en cuenta que no es igual disparar sobre un venado durante un rececho que hacerlo sobre uno a la carrera, atravesando la zona que dominamos desde el puesto a la máxima velocidad, con toda la adrenalina que produce la tensión acumulada en una montería, por lo que recomendamos calibres medios altos que estén siempre por encima del .30-06, sin caer tampoco en el exceso.

(Texto: Alberto Aníbal-Álvarez. Fotos: Archivo).

Reflexión:

Es muy peculiar encontrar artículos informativos de caza de animales por internet, al igual que es muy abundante la información respecto a la explotación de animales y la extinción en masa de los mismos. Esta nota no solo fundamenta que existe una sobre población de venados y que por ello se permite la caza masiva de estos venados, ahora tengamos más visión respecto a lo que se ha leído; si existe sobrepoblación de venados estamos de acuerdo que hay también sobre población de seres humanos, porque tenemos que elegir sobre la vida otro ser vivo, no fundamento que se tenga también exterminio de personas, porque desgraciadamente se ha tenido, perdiendo la dignidad de la persona como de ser vivos con experimentos erróneos, no por tener poder decidimos si vive o no el ser humano o el animal.

Al ponernos a pensar sobre las tendencias repetidoras del ser humano, pensamos que es un ser pensante que siempre tropieza sobre la misma piedra, en cambio el animal si tropieza por una piedra y sabe que le ha causado secuencias posteriores, deja a un lado ese camino y trasforma su nuevo camino. Es impresionante saber que nosotros como humanos somos depredadores de nosotros mismos y del mundo. ¿Por qué tenemos que decidir por la vida de un ser vivo?  Se oye muy fácil pero la respuesta es muy compleja. 

Zacatecas, Zac.- El tráfico de animales es el tercer negocio ilícito que más dinero produce en el mundo, después del narcotráfico y del tráfico de armas, mientras que algunos especialistas ubican a esta actividad como la segunda más importante en el país.

Datos de la Unidad Especializada en Investigación en Delitos Contra el Ambiente, que pertenece a la PGR, revelan que el tráfico “hormiga” de especies es el más común en México y en él están involucrados, principalmente, adolescentes que sustraen a los animales de su hábitat natural o los compran para tenerlos en casa como mascotas.

A pesar de que esta práctica constituye un delito penado con hasta nueve años de prisión y 300 días de multa por el Código Penal Federal.